lunes, 9 de abril de 2012

La última cena




Eran las 7 de la mañana y el sol cubría de a poco los edificios del valle de Santiago, los ventanales espejados hacían que los primeros rayos se reflejaran entre si mientras avanzaba imponente anunciando un nuevo día.
Estaba parado en la intersección de Ricardo Lyon con 11 de Septiembre en Providencia, prendí el último cigarrillo que me quedaba de la cajetilla que había comprado hace unas 6 horas, caminé hacía el centro, necesitaba algo para pasar el dolor o la incertidumbre que de todas maneras es dolorosa. Frente a la parroquia de Jesus Nazareno, un tipo cuidaba los autos que habían acudido al oficio.
-¿Sabes donde puedo encontrar algo abierto por acá?-¿para comprar copete?
-Shuu hoy día no hay ná abierto pos mijo, no ve que es viernes santo.
Asentí con la cabeza, no recordaba la fecha y es cierto en ningún lugar encontraría alcohol a esas horas. Decidí tomar un taxi a mi casa, me esperaba hacer mis maletas e ir al aeropuerto.

10 horas atrás.

Los bares estaban llenos, parecía como un hervidero de gente escapando de un mall y refugiándose en un local, ejecutivos con sus trajes disfrutando de la economía del happy hour -una copita más que más dá si de todas maneras nunca disfrutaremos más que esto- le escuché decir a una tipa gorda con el rouge corrido mirando desobitadamente a su compañera, vestían el mismo uniforme. Secretarias, pensé.
El local estaba colapsado, pero Charly me había dicho que nos juntaramos ahí, que era seguro.
-Compadre este local es una mierda, está lleno de weones de oficina- le dije apenas se sentó al lado mío.
-ya mira hagamos la weá acá, que da lo mismo y despúes nos vamos a otro lado, no voy a pedir ná.- me miró con sus ojos mapuchones, plagados de la desconfianza de la niñez, del que fue golpeado toda la vida.
-Ya no quiero la de 5, dame una de 20 y no nos vemos más.- le espeté y me miró con intriga.
-¿Qué pasa juanito te vai a lanzarte?
-Me voy a la conchetumare Charly, pero me voy solo. Pásame la mierda y vayamos al trébol, no aguanto más a estos weones de terno.

En El Trébol me esperaba Cony, mi mejor amigo/a desde hacía unos meses, desde hacía unos años en los que me empecé a quedar solo. Al Charly le gustaba la Cony, pero ella dentro de toda su gama de bisexualismo y sediciosa busqueda de pareja, no admitia o no le gustaba la piel morena, con olor a autóctono del Charly y a este le hervía la sangre cada vez que saliamos juntos y Cony se liaba, se iba o se metía a la cama de cualquiera, sobre todo de estos artistillos, de esos pendejitos pasados a plata que llegaban al ambiente buscando alguna verga o algún útero que los apadrinara en su huérfano sentir de pendejería cuica.
Ahí estabamos los tres, sentados con una malta en la mesa. Charly sacando un cigarrillo, me dice
-¿y pa´ donde te vai roca? (roca me decían los cercanos, ya verán porque)
-Y que te importa a vos negro culiao- le contesto rabioso.
-Chucha no te hay ni tocao y ya andai cuatico, a ti te pasa algo- me responde cruzándose de brazos sobre la mesa.
-Qué me va a pasar weon, estoy con la angustia nomás, hoy día no aguanto a ningún conchesumadre, eso es todo. Voy al baño.
Bajo la escalera y me dirijo al pequeño rincón sin luz donde están ubicados los baños, adentro saco un poco de la merca que le compré al Charly y jalo una dosis considerable. La cocaína estaba ya en mi torrente, en mi mente. Pedí un whisky.
-Roca, vámonos de acá que llegó el Camilo y no lo quiero ver, ese weon anda picado conmigo desde que me acosté con su mina. Me da miedo la wea.
-Pa' que te metis en weás po' pollo, despúes andamos arrancando de weones. Ya vamos.- nos paramos y pagamos lo que habiamos consumido. En la puerta le pregunto a Cony.
-¿y ahora donde chucha vamos?
-Yo conosco un local, pero es de ambiente, no sé si el Peñi querrá ir.- mirando al Charly, quien nos mira a los dos, con sus mismos ojos de maltrato y estalla:
-¡ya me tienen aburrido los conchesumadres!-¡Váyanse solos a sus weás mariconas, yo me voy, chao!

8 horas atrás
En una pantalla grande colocada casi a la fuerza en una pequeña barra, se veía a Madonna bailar como una reina para el montón de maricones que ilusionados la miraban tomándose un trago en la barra. Cony y yo nos sentamos en una mesa apartada, casi en la esquina donde habían parejas homosexuales besándose, tocándose e iniciando perdidos, superfluos y furtivos encuentros sexuales.
-Nunca te he dado un beso Roca y siempre me haz parecido muy rico, muy pesado y duro si, pero bonito.- la miro con la cara paternal con la que solía mirarla, de todas maneras ella era menor que yo y siempre me habia gustado cuidarla y le digo
-No me digai weás Cony, no empieces con mariconás.
-Pero si este es el lugar de las mariconás- me dijo con inteligencia y prosiguió
-¿que es eso de que te vas que dijo el Charly? A todo esto menos mal que no vino ese indio culiao, me cae tan mal.
-No es indio weona, es Mapuche y la boca te queda donde mismo. Y si, me decidí y me voy mañana mismo a la mierda, no sé como ni con que plata, pero para mañana ya lo sabré.
-Esa onda – me dice mirando el trago que le acaban de servir. Sorbiendo la piña colada mira alrrededor, inspecciona como un cazador minucioso y remata.
-Parece que esta noche andan puros viejos, puros weones, nada para mi.
Sorbo el último poco de whisky que quedaba en mi vaso, en estos bares de mierda siempre te dan más hielo que alcohol. Pienso: es hora de otra linea. Voy al baño, entro sin golpear. Mierda está ocupado.
Dentro había un tipo anciano, de pelo cano y anteojos negros, con un traje plomo desabrochándose la corbata y mirándose con tristeza al espejo. Me mira sorprendido y puedo ver sus ojos de pena, sus ojos dolidos, sus ojos muertos.
-Perdón, pensé que no había nadie-
-Pasa, pasa que yo ya me estoy yendo. Solo venía a arreglarme un poco. ¿me puedes decir como me veo?
-Como un oficinista- le dije un poco pesado.
-Creo que la pinta no indica otra cosa- me dijo mirándose a si mismo y agregó estirándome la mano- me llamo Pedro. Es primera vez que estoy acá.
-Felicidades, yo me llamo Juan – le digo con ironía, esperando que se fuera de una puta vez.
-Bueno, permiso.- pasó al lado mio y quedé solo en el baño. Otra linea para adentro.

Cony estaba sentada con una chica cuando llegué de nuevo a la mesa, ella de pelo corto igual que mi amiga me saludó con un fuerte apretón de manos de esos que quieren decirte algo, demostrarte algo y alcancé a escuchar un poco de su conversación antes de sentarse a la mesa.
-Bueno yo soy animalista, soy vegana y bueno trato de hacer lo que puedo, estudié veterinaria, pero no terminé por conflictos personales- se confesaba la conquista de Cony, yo la miré con risa, pues siempre había escuchado a Cony decir cuanto odiaba a ese tipo de gente, que creía que quienes amaban tanto a los animales es por que tenían conflictos de amor con las mismas personas, que era una forma de sublimar ciertos traumas, yo en cierta medida también concuerdo con eso. En un tono alegre quise agregar- bueno pero algo entretenido harás, tomate un copetito pos.- ella me miró un poco severa, pero luego asintió pidiéndole un mojito al bartender.
-Bueno yo soy lesbiana así que si ustedes son pareja, no creo que podamos hacer algo, pero podemos conversar igual.
-No. no somos pareja -dijo Cony, rápidamente, en tono de broma la miré y le dije
-Aunque me hayas querido dar un beso hace veinte minutos- Cony me miró con rabia, la chica solo rió.
-Bueno, yo después de este trago me quedo sin plata -dijo la Cony
-No sé si mi gran amigo y padrino de la noche, don Roca me quiere invitar otro- un tono de ebriedad, yo no estaba ebrio y no me importaba gastar un poco más, iba a contestar a lo que la otra chica se me adelanta
-Yo vivo cerca de acá y tengo un pisco en la casa, pero no se si a tu amigo le dará cosa estar solo.
-Mira hagamos algo, yo me quedo acá esperando si me encuentro con algún amigo y si es así me voy para tu casa, llamo a Cony y ella me indica. Si no despúes veo yo que hacer. ¿Bueno?
-Gracias Roquita. Te pasaste, te debo una- me dice la Cony dandome un beso en la mejilla y levantándose de la mesa con su fémina acompañante.
-Nos vemos en la casa de ella pos, llámame, quiero aprovechar de despedirme de ti.
-Cuidate pendeja- le digo con paternal severidad.

Otro whisky, necesitaba embriagar un poco lo que llevaba dentro, necesitaba que me pasara el alcohol quemandome por la gargante, sentir como esas pequeñas burbujas pasar por mi garganta, lo mejor de consumir coca es a mi juicio esa sensacion de control sobre tu cuerpo sin sentir dolor o rechazo.
Con el otro whisky. Llegó también un acompañante a sentarse a mi lado, era Pedro el viejo que me había encontrado en el baño, también bebía whisky.
-Así que también eres whiskero, a mi me encanta, pero tomo poco porque se sube mucho la presión y a mi edad no se puede andar jugando con esas cosas
-¿que edad tienes?- pregunté de golpe
-Acabo de cumplir 65. Con 30 años de matrimonio.
-¿y que mierda hace un tipo con 65 años y 30 años de casado en un bar de maricones pobres como este?
-Quería saber como era, creo que hace algunos años, me di cuenta de que me gustaban mucho los hombres, pero nací en otra época.
-Eres muy sincero pedro, eso no gusta mucho por acá.
-No me queda otra, ¿Juan me dijiste que te llamabas?
-Si, Juan es mi nombre y no soy gay por si quieres saber.
-¿y que haces acá entonces?
-Vine con una amiga que se acaba de marchar, ahora me tomaba un whisky.
-¿puedo ser más sincero contigo? Me dijo con sus ojos de pena, los mismos que habia mirado en el baño, unos ojos de alguien que se había escondido mucho tiempo.
-Dale no más, pa' eso estamos los desconocidos. Pa' confiarles secretos.
-Ando buscando mi primera vez. Me detectaron cáncer, y se que me voy a morir. No quiero morir con la duda.
-La duda es la peor enemiga de la libertad dicen.- agrego sin mucho estimulo.

Pedro se toma el whisky de un sorbo, está claro que siente un miedo terrible, yo lo miro de reojo mientras enciendo un cigarrillo, el último que me quedaba en esa cajetilla, bebo mi último sorbo de whisky, parandome del banquillo miro a Pedro:
-Me voy, se me acabaron los puchos y no tengo nada más que hacer acá.
-No te vayas, te compro otro trago. Quédate un poco más por favor.
-Te dije que no soy gay. Además tengo plata para comprar otro trago (mentí).
Sali del bar practicamente arrancando, había hecho a este tipo acercarse un poco a mi y lo estaba dejando plantado. Sabía en todo caso que ninguno de los dos perteneciamos a ese mundo, a ese local a esos estereotipos. El me siguió detrás con su maletín en la mano, con su chaqueta y sus ojos vidriosos.
-Juan, por último dejame acompañarte un rato. No quiero estar solo, no tengo a nadie en Santiago y mi avión sale en unas horas.
-Yo también voy al aeropuerto mañana. (mentí nuevamente)
-Vamosnos juntos, hagamos la hora.
-Bueno pedro, acompañame a comprar cigarrillos y ahí vemos.

Caminamos por las calles de providencia, buscando algún lugar abierto. Una gasolinera abierta vendía alcohol, cigarrillos, condones, todo lo que alguien a esa hora necesitaba. Compré de todo con los últimos diez mil pesos que tenía en la billetera, Pedro las vio y con una mirada cómplice le dije
-Voy a tener que ir al cajero antes de que nos vayamos al aeropuerto
-No te preocupes si el taxi lo paga mi empresa, de hecho llamemos ahora para darle una dirección donde buscarte.
-Ok, mi dirección es Sargento Aldea 346 acá en el centro. Dile que te pase a buscar ahí, al final nos vamos para allá y todo.
-Claro, pero pasamos a mi hotel a buscar mis cosas.
-Vamos a tu hotel ahora, ¿acaso te quieres tomar esto en una plaza?

Enfilamos con dirección al hotel, en la calle Pedro de Valdivia. Pedro llamaba mientras al taxi por su teléfono celular y yo abría la botella de whisky para pegarme un largo trago de ese bourbon americano. El chorro me quemó la garganta y sabía que era hora de pegarme otro toque, pensé en llegar lo más pronto al hotel, quería sacarme también las vaqueras que eran perfectas para el frio, pero no para caminar. Llevaba la cocaína en el bosillo de perro del pantalón, el paquete que había comprado era tan grande que apenas cabía, no importaba pues pretendía consumirla lo más rapido posible, si me llegase a subir a un avión no podria llevarla conmigo.

En la habitación había una cama matrimonial, un minibar, una pequela mesita y porsupuesto un baño: mi primer destino. Me saqué las botas y entré de un salto al pequeño baño de la habitación, ahí desenfundé mi arsenal y preparé la dosis. En ese momento entró Pedro mirándome como un padre que pilla a su hijo masturbándose.
-¿Qué es eso?
-Cocaina, ¿quieres, la haz provado?
-He fumado marihuana, bueno. Cuando era joven, pero a la coca nunca. ¿es verdad que es tan adictiva?
-Si eres imbécil de seguro, pero con una probadita no pasa nada. Solo un poco de estimulación.
-Bueno, dime como lo hago.
-Déjame tirarme este y luego te paso el tubo.

Me abalancé sobre el lavamanos donde había hecho las lineas y aspiré rapidamente el polvo, casi por instinto Pedro hizo lo mismo. Cuando levantó la cabeza pude ver en sus ojos el efecto de la droga llegando a su cerebro.
-Es como, como. ¡Vida!
-No por nada le dicen polvo de ángeles. Bueno eso lo vi en una película, pero tiene mucho sentido.
-Si, es cierto. ¿puedo tomar más?
-No, tranquilo que hay bastante, pero de esto no se puede abusar.
-Ya, bueno. Hablemos entonces, cuéntame ¿a que te dedicas Juan?
-Soy profesor de karate y planeo poner mi propia academia.
-No pareces un profesor de karate, dime la verdad.
-Bueno, estudié filosofía en la Chile y como nadie te da trabajo por pensar, después de que me licencié me dediqué a aprender idiomas y ahora trabajo en turismo, como guía y esas cosas.
-Hay que interesante. Yo a veces creo que mi trabajo es lo más fome que alguien puede hacer.
-¿En que trabajas tú?
-Soy ingeniero metalúrgico, veo procesos minerales y todas esas cosas, pero ahora en realidad soy gerente y lo único que hago es ver indices de producción y firmar papeles.
-Que aburrido, mejor no hablemos de trabajo ¿como te diste cuenta que eras homosexual, o que te gustaban los hombres?
Tomé un largo trago de la botella que nos habiamos estado pasando, lo miré fijamente y me di cuenta de que el tema le costaba demasiado, hacía pucheros como un niño, sin darse cuenta, quizás por el efecto dormilante del whisky y la coca, le acaricié un poco el meñique.
-Cuando me casé pensaba que estaba enamorado, sentía mucha calidez con mi señora y bueno ella era lo suficientemente buena. Yo nunca sentí mucho deseo sexual hacía ella y la verdad es que no me sorprendía, yo era muy católico cuando chico, me criaron los jesuitas. Pasaron los años y tuvimos hijos y ahí si que sentí lo que era amar a alguien, amar a mis hijos fue lo mejor que me había pasado, pero se fueron y me quedé con ella nuevamente, más vieja y yo con menos deseos.

Yo me paré para tomar otra linea, mientras Pedro miraba como perdido. Tomando pequeños sorbos siguió con su historia:
-entonces un día, llegó un practicante a la empresa donde yo trabajaba y me pusieron a cargo de él. Era un tipo moreno, alto como los del norte. Tenía rasgos un poco como de aimara y era tan buena persona, pero dentro de si era un tipo muy pa' adentro, congeniamos al tiro, pero a él le dio miedo cuando salimos la primera vez, entonces renunció y se fué. Nunca más lo vi y me hizo tan mal que caí enfermo, como esas viejas que cuando se les muere el marido, se enferman pa' poder irse con ellos.

-Que lata tu historia pedro, dejame decirte.- espeté un poco aburrido.
-Y bueno eso, andaba buscando alguien que por último me diera placer. sabes, hasta estaba dispuesto a pagarle a alguien, pero no me atrevo, quizás sea muy peligroso.
-Eres un viejo miedoso Pedro, pero no entiendo ¿querías culiarte un pendejo?
-No, quería que me culiaran. Yo ya no tengo excitación sexual, necesito que me penetren.

Me dio un poco de repulsión tanta sinceridad, pero viniendo de alguien que sabe de su muerte, de que su fin se acerca, me parecía tan normal. Hasta sentí piedad.

5 horas atrás
Pedro miraba hacia abajo. Presentí que el efecto se le iba pasando, pronto entraría en la angustia del que consume por primera vez, parece que el también lo adivinó y se paró a buscar la otra linea.
Yo estaba acostado en la cama con la botella en la mano, tenía mi torso un poco descubierto y mostraba mi abdomen, Pedro se sentó en la cama a la altura de mis piernas.
En un movimiento torpe, buscó el cierre de mi pantalon y no lo detuve, estaba buscando mi verga y entre tanta droga y alcohol no me molestaba. Es grande- me dijo tocando mi verga con ternura y alevosía, como lo hacían las colegialas que solo eran capaces de darte una chupadita y quedaban listas. El lo sacó y lo miró fijo un segundo antes de meterselo a la boca. Pedro estaba brindándome una fellatio, no me importó. Me di al placer.

Dejó que el semen se corriera por mi verga, manchando su mano que terminaba de masturbarme. Le dio un beso al final, como para calmar sus ansias de seguir. Lo miré y mi mano derecha estaba acariciando su pelo cano, se había sacado las gafas y sus ojos se veían chinos, se acomodó y su cara hacia pucheros nuevamente, pensé que me querría dar un beso, pero me incorporé de un salto y entré al baño a secarme el pubis mojado por el semen corrido. Miré la droga y el paquete permanecía aún lleno

-¿tienes jeringas pedro?
-Si, soy insulino dependiente. Revisa mi bolso ahí tengo un estuche con todo lo que necesites ¿para qué las quieres?
-Para algo que te va a gustar, déjame prepararlo.

Pedro yacía en la cama gimiendo, su frente estaba sudada y se había abierto la camisa, apenas podía abrir los ojos y se enjuagó los jugos de mi sexo con el whisky que aún quedaba en la botella. Abri el bolso en busca del estuche de las jeringas, esperaba que fueran pequeñas, para la s dosis exactas que necesitabamos. Encontré primero un pequeño estuche lleno de billetes.
No siempre tomaba speed, el solo hecho de inyectarme algo me da un pavor terrible, pero estaba lo suficientemente drogado como para eliminar ese factor y aún quedaba mucha merca como para hacer lo que quisera con ella.
-Voy a pedir otro whisky, total lo paga todo la empresa.
-Ok, yo salgo en unos minutos y continuamos.
Llegó el servicio de habitacion con una botella de chivas regal y unos hielos ¡por fin un hielo!
Cuandó sali del baño con la herida de la inyección tome el hielo para calmar un poco el dolor del pinchazo mientras el espeed llegaba a mi cerebro, mi espalda se erizaba.
-¿Qué hiciste Juan? ¿ También te inyectas?
-Es lo mismo que por la nariz, pero el efecto es más estimulante, deberías probarlo.
-No lo sé, me da un poco de miedo, aunque no debe ser distinto de inyectarse insulina.
-Para nada y se siente tan rico, como eso que me hiciste recién.
-¿te gustó?
-Claro que si, ahora la verdad no creo que sea mala idea poder quitarte tu duda.

Pedro abrió la botella de whisky emocionado, como un niño busca sus juguetes de navidad, en sus ojos se veía un brillo que antes no estaba, pensé en la droga.
Tomamos un trago e hicimos un salud, luego yo me tumbé en la cama y Pedro comenzó a desvertirme con cuidado, apreciando todos los rincones de mi cuerpo un poco a mal traer. Terminé de desabotonar su camisa y descubri tu pecho con pelillos canos y su anciano estomago que se movia cuando iba con mi mano a desaborachar la cremallera del pantalón, brusco me apartó la mano, se paró y me dijo- necesito un poco de esa mierda- fue a por otra dosis, cuando volvió ya estaba completamente desnudo.
Quiso besarme, pero no lo dejé. El masturbaba mi verga que estaba erecta al tacto, el espeed hacía un magnifico trabajo con mi excitación, se dio vuelta y dijo con una voz de niña pequeña: metemela toda Juan, por favor. Rompeme entero si es necesario, no aguanto más. Quiero esa verga dentro mio.
He hice el intento de meter mi miembro en ese ano cansado, con el sudor del sexo, pero era imposible abrirlo, dilatarlo lo suficiente como para poder penetrarlo.
Pensé que aún no me ponía el condón y que esos venían con lubricante, me paré a buscar la caja que estaba en mis pantalones y aproveché de tomar otra dosis, ahí vi la botella sobre el velador y la cara de frustración de un hombre que solo deseaba un poco de placer anal.
Lo tomé parvulamente y lo posicioné directamente para poder penetrarlo, inspeccioné la cavidad anal con mis manos y luego volteando un poco de whisky sobre sus nalgas, introduje el cuello de la botella que habíamos terminado hace unas horas y el gollete entró sin complicaciones, Pedro gemia de dolor y placer, su anciano culo estaba recibiendo por fin lo que ansiaba quizás hace cuanto tiempo.
Tu verga, tu verga, tu vergaaa! Gritaba entre gemidos y yo seguía excitado. Retiré la botella, fundé mi miembro con el latex del condón e introduje el duro animal en su ano, cuando la había metido entera, se desvaneció de placer, cayó sobre si mismo y gritaba, gemia como un animal. Me vine dentro de él.

2 horas atrás.

Nunca había sentido tanto placer- me dijo con un hilo de voz, de alguien que se va a desmayar o que está muy cansado. Yo recostado a su lado fumaba un cigarrillo, el condón estaba recogijo al costado de la cama, pero mi verga aún estaba excitada, Pedro se paró para beber un poco de agua del baño y cuando volvió la acarició un poco.
-Estoy muy cansando y a ti aún te quedan ganas, me gustaría darte satisfacción.
-No te preocupes a mi se me pasa esto luego-
-No, quiero seguir haciendolo, inyectame un poco de esa mierda para poder tener fuerzas-
Asentí con la cabeza y encendiendo otro cigarrillo busqué los implementos para la quimica del espeed, para poder darle una dosis de vida a este moribundo, la dosis que le falta pensé. La vida que nunca tuvo este viejo de mierda.

La dosis debe ser justa, para no intoxicarse, debe ser preparada por uno mismo si es posible, pues se sabe cuanto resiste el cuerpo. La concentración de la cocaina en el agua es mucho más pura y sucede que lo que se esnifa no es nunca lo mismo que se prepara para el espeed que debe ser mucho menos.
Yo preparé dos dosis para esnifar en una sola jeringa, la preparé con unos guantes quirúrgicos que guardaba Pedro en su bolso, volví a ver el dinero en la cartuchera.
-Tienes que inyectartela tu mismo, por que yo soy muy torpe con las agujas, tiene que ser en el brazo para que llegue al cerebro, toma aquí tienes.
La miró y sabía más o menos que debía hacer, se sacó su cinturon y se lo puso para poder ver sus venas.Yo como un espectador veo como se introduce la aguja con la dosis y luego apretándola la droga poco a poco, con su espesura se introduce en su sangre.
Veo como sus ojos me miran fijamente y se van apagando, su cabeza cae hacía atrás y la jeringa cuelga del brazo inyectado. Estaba muerto frente a mi.
Me vestí, cogi la droga y me di el último toque antes de salir. Registré el bolso y saqué todo el dinero que había, no saqué su billetera ni nada, solo ese dinero: un par de millones de pesos y unos cuantos miles de dolares.


Eran las 7 de la mañana y el sol cubría de a poco los edificios del valle de Santiago, los ventanales espejados hacian que los primeros rayos se reflejaran entre si mientras avanzaba imponente anunciando un nuevo dia.
Estaba parado en la intersección de Ricardo Lyon con 11 de Septiembre en Providencia, prendí el último cigarrillo que me quedaba de la cajetilla que había comprado hace unas 6 horas, caminé hacía el centro, necesitaba algo para pasar el dolor o la incertidumbre que de todas maneras es dolorosa. Frente a la parroquia de Jesus Nazareno, un tipo cuidaba los autos que habían acudido al oficio.
-¿Sabes donde puedo encontrar algo abierto por acá?-¿para comprar copete?
-Shuu hoy día no hay ná abierto pos mijo, no ve que es viernes santo.
Asentí con la cabeza, no recordaba la fecha y es cierto en ningún lugar encontraría alcohol a esas horas. Decidí tomar un taxi a mi casa, me esperaba hacer mis maletas e ir al aeropuerto.

En la puerta de mi casa, estaba esperandome el taxi que había llamado Pedro hace unas horas, el taxista me saludó:
-¿Don Pedro?
-Si yo soy- le contesté- Me va a tener que esperar un poco.
-No hay problema- me respondió amable el conductor.
En mi casa tenía la maleta lista siempre para irme, le dejé un poco de dinero a mi madre. Medio millón de pesos serían suficientes para cubrir sus gastos por un tiempo.
Llame la última vez a Cony
- Aló pendeja, ¿estai en tu casa? Voy a pasar a dejarte algo.
-No, estoy donde la Daniela aún, weón quien llama tan temprano.
-Me voy al aeropuerto pos weona, te tengo que dejar algo, llego allá en 15 minutos- corté.
-Vamos a hacer una parada primero y de ahí directo al aeropuerto- le dije al conductor.
-No se preocupe si es semana santa, anda poca gente en la calle- salio el taxi.
En la calle y con una polera de Los Misfits y unos calzones negros, me despedi de la cony, le pasé el resto de droga que me quedaba y unas lucas. Le di un beso en la boca, el que ella quería que le diera.

1 hora después
El aeropuerto estaba vacío. No viaja mucha gente en estas fechas pensé y me dirigí hacia la ventanilla:
- Necesito un boleto de avión urgente, es una emergencia.
- ¿Donde viaja señor?
- A Buenos Aires.

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